El caso es que aquí estoy, pero no soy la misma. Dicen que a base de palos se aprende, pero yo necesito martirios chinos con Camela de fondo porque de buena soy tonta. (Diría más, pero no me gusta decir tacos en mi blog, ante todo soy una señorita.)
Y todo esto viene porque estoy cansada de tragar y no recibir nada a cambio. Toda mi vida he crecido con la regla dorada de "Trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti". Preciosa. Maravillosa. UNA MIERDA. La gente te trata como si fueras el último mono de la última selva tropical del Amazonas, se aprovecha de tu alma cándida, de tu "batería de optimismo inagotable" y de tu disposición a estar ahí, a ayudar, porque te gusta agradar.
Pues no señor, basta de agradar a todo el mundo y de tratar por igual a gente que no se lo merece que a gente que te ha demostrado mil y una veces su incondicionalidad. Basta de pisoteos y de "Cómete tú el marrón". Basta de "Soluciona nuestros problemas". Basta de ser subnormal. Basta de sentirte una extraña en tu propia casa y de no hacerte valer.
Voy a empezar a hacer limpieza. Que tiemblen los EREs.