20 de noviembre de 2014

Mi cactus ha muerto

Mike, mi cactus, murió este verano, y tras varios intentos (inundaciones) para intentar revivirlo he de asumir que ya no está.

Me cuesta mucho asimilar las cosas, y cuanto más repentinas, peor.

Me cuesta asumir que este semestre se me está haciendo tan cuesta arriba como los anteriores, y que quizá no sea mi último primer semestre de la carrera.

Me cuesta asumir que tanto montan, montan tanto Isabel como Fernando, aunque lleven ya más de dos años.

Me cuesta asumir que no voy a aprobar Misiles con mi Casio.

Me cuesta asumir que a #R y a mí ahora nos separen 200 kilómetros más.

Me cuesta asumir que donde antes había mensajes privados larguísimos ahora haya dos tics azules

Me cuesta asumir que haya pasado de 24/7 a...

Me cuesta asumir que no debo ser egoísta.

Me cuesta asumir que las cosas cambien, especialmente porque suelo perderme en esos cambios.

Adiós, Mike.

11 de mayo de 2014

Beth, la chica ciega

"Tienes cinco sentidos. Aprende a usar los otros cuatro, y así tendrás menos cortes y arañazos y cicatrices."  

Hacía mucho que no me recordaban lo horrible que es seguir teniendo 14 años.

21 de enero de 2014

Ferretería

Las decisiones son curiosas. Desde que vi el capítulo de Futurama de la máquina "Y si" (Uno de los diez capítulos de Futurama que habré visto en toda mi vida) siempre he deseado tener algo así. Precisamente porque cuando tomas una decisión significa que siempre hay otra opción, y quién sabe la de cosas que te puedes estar perdiendo. Claro que si lo pudiéramos saber, las decisiones serían siempre acertadas y seguramente nos terminaríamos aburriendo de decidir.

Yo, por ejemplo, decidí venirme aquí a Siberia Madrid. Podría haberme ido a Sevilla y no estaría escribiendo esta entrada ahora. Porque esta entrada va de personas que conoces por casualidad. Personas que no tendrían que haber aparecido en tu vida de no ser porque tú decidiste hacer algo. Presentarte en una quedada gótica cuyo organizador conoces simplemente de un vídeo de Youtube, hablar cordialmente con un muchacho en una fiesta que crees que jamás volverás a ver o entrar en la universidad y tener un número más de expediente que una persona maravillosa.

Siempre me dicen que tengo muchos amigos y que me llevo bien con todo el mundo. Lo segundo es bastante cierto, pero no por ello se implica lo primero. Amigos importantes tengo pocos en comparación con la gente que conozco, pero para mí son enormemente suficientes. También me cuesta mucho distinguir entre "amigos" y "mejores amigos" entre ellos. ¿Por qué tener sólo un único mejor amigo? Con cada persona compartes algo especial, algo distinto, hay cosas que hablas con una que a otra no le llamará tanto la atención, y sin embargo contigo es imposible no contarte algo, por muy estúpido que sea, y aún así siempre estás ahí para escucharlo (Hasta que me dices que te vas a estudiar y en realidad te pones a jugar al Candy Crush, que lo sé yo). Me alegro de que me traigas chocolate y de que me aguantes las pelis de Disney que te hago ver (:D). Me alegro de que me escuches cuando te cuento mis chorradas y de que cuentes conmigo para contarme tus problemas. Me alegro de haberme sentado en segundo a tu lado y de que formes parte de mi vida. 


12 de diciembre de 2013

Cosas que hacer en vez de estudiar

Había pensado en volver a hacer lo que hice hace cuatro años casi, eso de las palabras con colorines chachipirulis. Tiene gracia, porque lo hice en el 2009, que fue un año de mierda, y éste ha ido por el mismo camino. Pero mis exámenes no se van a estudiar solos.

El caso es que aquí estoy, pero no soy la misma. Dicen que a base de palos se aprende, pero yo necesito martirios chinos con Camela de fondo porque de buena soy tonta. (Diría más, pero no me gusta decir tacos en mi blog, ante todo soy una señorita.)
Y todo esto viene porque estoy cansada de tragar y no recibir nada a cambio. Toda mi vida he crecido con la regla dorada de "Trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti". Preciosa. Maravillosa. UNA MIERDA. La gente te trata como si fueras el último mono de la última selva tropical del Amazonas, se aprovecha de tu alma cándida, de tu "batería de optimismo inagotable" y de tu disposición a estar ahí, a ayudar, porque te gusta agradar.
Pues no señor, basta de agradar a todo el mundo y de tratar por igual a gente que no se lo merece que a gente que te ha demostrado mil y una veces su incondicionalidad. Basta de pisoteos y de "Cómete tú el marrón". Basta de "Soluciona nuestros problemas". Basta de ser subnormal. Basta de sentirte una extraña en tu propia casa y de no hacerte valer.

Voy a empezar a hacer limpieza. Que tiemblen los EREs.


23 de noviembre de 2013

El meteorito

Un meteorito. Eso era. O al menos así llegó. Como una bola que cae sin motivo ni rumbo fijo pero que arrasa todo lo que encuentra y va quemando y quemando a medida que se introduce más y más en la atmósfera.

Y aquí, nuestro amigo el pez, al que por poco se le seca el estanque del susto.

"Hola, Meteorito", dijo el pez. Nunca había visto a un meteorito (o, si lo había visto, no se acordaba, estos peces y su memoria...) y estaba fascinado. "¿Qué buscas aquí?"
"No sé", contestó el meteorito con voz vacía.
"¿Estás triste?", preguntó el pez.
"Puede", le respondió el meteorito.
"¿Y por qué estás triste?"
"Da igual."
"¿Acaso te falta algo?"
"Sí."

El pececito entonces vio dentro del meteorito. Y, efectivamente, le faltaba un pedazo, parecía pequeñito por fuera, pero por dentro era enorme. El pececito sintió que debía ayudar al meteorito a encontrar ese pedazo. No quería sustituirlo, el pececito era consciente de que no estaba hecho para vivir en meteoritos, pero quizá si el meteorito encontraba su pedazo dejaría de estar triste y sonreiría. Y al pez le gustaban mucho las sonrisas.

"¿Quieres que te ayude?"
"Me da igual"
"¿Siempre eres tan elocuente?"
Si hubiera tenido hombros, el meteorito los habría encogido.

Pobre meteorito, con menudo pez cabezota se había ido a encontrar.
Y tan cabezota. Se había dado cuenta de que, si se acercaba mucho al meteorito, se le secaban las escamitas y comenzaba a encontrarse mal. Pero él seguía insistiendo. Al fin y al cabo, el meteorito había caído al lado de su estanque, el pececito no podía ignorarlo sin más. "A nadie le gusta estar sin un pedazo", pensó. El pececito sabía que el meteorito no iba a pedirle ayuda, pero igualmente lo iba a hacer. Tendría cuidado de no acercarse demasiado, cuidaría de sus escamas, pero la decisión estaba tomada.



16 de octubre de 2013

Vengo de chillarle al infinito que te necesito



Me retiraré al campo con una sonrisa,
si me pisan tus fantasmas yo iré más deprisa.
Juego mis cartas al todo o nada, fiel destino,
tú que nunca me has abandonado en el camino.

14 de julio de 2013